El Canto de Sudameira / O Canto de Sudameira © Rodrigo González Castillo https://sudameira.org/ CC BY 4.0 · https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/ === Español (es-005) === El Canto de Sudameira CANTO I · ACRUX El primer fuego La humanidad tuvo cuna bajo un cielo tempranero, donde ardió el fuego primero y se aprendió de la luna. Allí, sin prisa ninguna, nació la palabra, el cuento, el nombre del sol y el viento, y una pregunta encendida que puso el alma en partida: ¿qué hay detrás del firmamento? Se fueron de a poco, andando, sin saber que ese salir era empezar a escribir la historia que voy cantando. Cada hijo nació alargando el mapa con su nacer; la abuela guardó el saber del camino recorrido, y el mundo quedó tejido de pasos y amanecer. El ñandú: Eu sou a ave sem voo, vim para te acompanhar: segue a marca do meu passo, que o passo sabe o lugar — quem correu o mundo inteiro não se perde ao caminhar. CANTO II · MIMOSA El camino Nadie lo anduvo en su vida: mil pueblos, uno tras uno, vencieron el crudo ayuno y la noche desmedida. Vieron bestia nunca oída, fruto sin nombre ni canto, frío que pedía manto, y del fuego bien guardado hicieron dios y legado para seguir otro tanto. Su brújula, el porvenir: los hijos y la espesura, la sed volviéndose anchura, la costumbre de seguir. Nadie ha vuelto a repetir andanza tan soberana: desde el alba más anciana al confín del mundo entero; toda nave hereda el fuero de esa sed: querer mañana. El ñandú: Me perguntam por que corro se eu não posso voar: corro porque a terra é longa e alguém tinha que chegar — e no fim de tanta corrida até o chão vira ar. CANTO III · GACRUX El fin del mundo Un día acabó el camino: la tierra encontró su mar. La especie dejó de andar con silencio de destino. Ya el mundo, tan peregrino, quedó entero, con pisada hasta en la costa apartada; la hazaña más grande y quieta que ha cumplido este planeta fue callada, fue lograda. Labraron la cordillera con escalón y con puente; hicieron suelo viviente de la selva a la ladera. Y la mano fue certera: el telar tejió el vestido, el nudo guardó el sentido, y la piedra, sin más cal, encajó justa y cabal que ni el tiempo la ha movido. Y de noche, la más clara que ha mirado todo el mundo, leyeron el mar profundo del cielo, cara con cara. Ninguna luz les fue rara: nombraron cada bajío, cada corriente y su brío, y trazaron la primera carta de esa mar entera: el cielo fue su navío. Contaron que hubo en el suelo un ave que, sin volar, corrió hasta encontrar el mar sin frenar jamás su anhelo. Trepó la noche en desvelo y arriba quedó, grabada, la marca de su zancada: cuatro luces: Melipal, la pisada más austral que al sur le queda marcada. El ñandú: Não pisei o céu por glória, pisei porque era o caminho; a estrela não é enfeite, é rastro de passarinho: quem olhar a minha marca já não anda mais sozinho. CANTO IV · DELTA Todos los caminos Esta tierra fue el destino de cada ruta y estela: la del pie y la de la vela, la del hielo y el marino. En todo tiempo el camino siguió trayendo más gente: el libre y el que, doliente, llegó a la fuerza, amarrado; la tierra les dio, a su lado, mate, y Melipal de frente. La herencia es de quien la pisa: quien hace hogar del paraje va heredando todo el viaje sin papeles y sin prisa. Melipal es la divisa y reparte a todo nombre un mismo sur y un renombre: ser la familia de la huella que caminó hasta la estrella sin que la distancia asombre. El ñandú: Não pergunto o teu caminho, nem de que dor você vem; a trilha que deixei no alto não é de um só, é de cem: basta levantar os olhos — o céu não nega a ninguém. CANTO V · ÉPSILON La promesa La quinta luz, la chiquilla, la que apenas se revela, es la que guarda la tela del cuento: la nueva orilla. Lo que no ocurre y ya brilla no llega por su ventura: brillará según la hechura de lo que vamos a obrar: quien la quiera ver brillar, que suba el sur a su altura. No es azar que en este suelo se abra el ojo de la Tierra: donde la marcha se cierra queda empezado ya el vuelo. De este ingenio y su desvelo salió más de un fundamento que el mundo llamó portento; y espera, sin su figura, ciencia de nueva estatura, nombre, rama y firmamento. Sudameira es ese nombre que el sur se pone al andar cuando decide encumbrar su destino y su renombre. No habrá distancia que asombre a la madre verdadera de las patrias de otra esfera: naciones que en el erial alzarán fuego y umbral, Melipal por derrotera. Y nacerá una hermosura sin molde y sin precedente, un arte tan diferente que estrenará su figura. Será del sur, sin costura: saldrá de la mano artista, del cálculo y de la vista, del sabio y del soñador, de inventor y explorador: la estirpe entera en la pista. Será, y no por alarde: pide industria, pide unión, pide oficio y corazón, pide que ninguno aguarde. Que la mañana no tarde: quien oiga el canto, a su cargo: fundar el cimiento largo de lo que no fue soñado, nombrar lo nunca nombrado, sin ponerle al cielo embargo. El ñandú, envío: Agora sabes a estrada, não precisas mais de mim: eu corri até o começo, porque o fim não era o fim; o que chamavam de beira era a porta, era o jardim. Sello: Ayer completamos un planeta; amanhã pisaremos o céu. === Português (pt-005) === O Canto de Sudameira CANTO I · ACRUX O primeiro fogo A espécie humana nasceu sob um só céu, numa aurora; lá aprendeu, sem demora, o fogo que a protegeu. Ali a palavra cresceu: o nome do sol e o vento, a lenda, o riso, o alento, e uma pergunta acesa levantou a alma da mesa: o que há depois do relento? Partiram devagarinho, sem saber que caminhar era o jeito de assinar a história pelo caminho. Cada filho era um passinho esticando o amanhecer; a avó guardava o saber do rumo já costurado, e o mundo ficou bordado de passo e de alvorecer. A ema: Yo soy el ave sin vuelo, vine para acompañar: sigue la marca del paso, que el paso sabe el lugar — quien corrió este mundo entero no se pierde al caminar. CANTO II · MIMOSA O caminho Ninguém o andou numa vida: foram mil povos, um a um, vencendo o frio e o jejum e a noite desmedida. Viram fera nunca ouvida, fruta sem nome nem canto, frio pedindo outro manto, e do fogo bem guardado fizeram deus e legado pra seguir por outro tanto. A bússola era o porvir: os filhos e a mata escura, a sede feita largura, o costume de seguir. Ninguém tornou a cumprir jornada tão soberana que nem o tempo profana, rumo ao fim do mundo inteiro; toda nave herda o roteiro dessa sede tão humana. A ema: Me preguntan por qué corro si no puedo ni volar: porque la tierra es muy larga y alguien debía llegar — y al final de la carrera el cielo se deja andar. CANTO III · GACRUX O fim do mundo Um dia acabou a estrada: a terra encontrou seu mar. A espécie parou de andar em silêncio de chegada. A Terra, já caminhada, completou-se — e o grande feito coube num passo perfeito: a façanha grandiosa foi também silenciosa, imensa, alta, de respeito. A mão abriu a canoa e no rio fez estrada; a rede, no ar pendurada, deu teto a quem povoa. E a obra que inda ecoa: o nó que guardou sentido, o chão por mão construído — terra preta que, fecunda, permanece viva e funda até o amanhã prometido. E a noite, tão clara e nua, que o mundo inteiro mirou, foi o mar que o povo olhou cara a cara, à luz da lua. E a leitura foi tão sua que nomearam baixio, corrente, vau e desvio, e traçaram a primeira carta da noite inteira: o céu virou seu navio. Contaram que houve no chão uma ave que, sem voar, correu até achar o mar sem frear o coração. Subiu pela escuridão e no alto ficou gravada o rastro de uma passada: quatro luzes: Melipal, a pegada mais austral que o sul guarda assinalada. A ema: No pisé el cielo por gloria: pisé porque era el camino; la estrella no es un adorno, es la pata de un destino: quien mira mi marca en lo alto ya camina con buen tino. CANTO IV · DELTA Todos os caminhos Esta terra foi o ninho de toda rota e esteira: a do pé e a da madeira, a do gelo e a do marinho. Em todo tempo, o caminho seguiu trazendo mais gente: o livre e o que, dolente, chegou à força, amarrado; a terra o pôs ao seu lado: cuia, e Melipal na frente. A herança é de quem a pisa: quem faz lar da paragem vai herdando a viagem sem papel e sem pesquisa. Melipal é a divisa e reparte a todo nome um mesmo sul, um renome: ser família da pegada que subiu de madrugada até a estrela — e não se some. A ema: No pregunto tu camino ni de qué dolor vendrás; la senda que dejé en lo alto no es de uno: es de los demás: basta levantar los ojos y cielo abierto hallarás. CANTO V · ÉPSILON A promessa A quinta luz, a mocinha, a que quase não se vê, é a que guarda até o porquê do conto: a margem vizinha. O que inda não se encaminha não chega por sua sorte: brilhará se o sul, tão forte, fizer com a própria mão a obra, o chão, a construção: que suba o sul ao seu norte. Não é à toa que é assim: a Terra abre o seu olhar bem onde parou de andar a marcha rumo do fim. O fim virou trampolim. Do engenho e do fundamento que o mundo chamou portento inda nasce, sem figura, ciência de outra estatura, nome, ramo e firmamento. Sudameira é esse nome que o sul veste ao caminhar quando decide alcançar seu destino e seu renome. Não há distância que dome a grande mãe verdadeira das pátrias de outra beira: nações que no descampado erguerão fogo e telhado, Melipal na dianteira. E nascerá formosura sem molde e sem precedente, uma arte tão diferente que estreia própria figura. Será do sul, sem costura: virá da mão artista, do cálculo e da vista, do sábio e do sonhador, do inventor, do explorador: a estirpe inteira na pista. Será, e não por alarde: quer indústria e união, quer ofício e coração, quer que ninguém se acovarde. Que a manhã não se retarde: quem ouvir o canto, o encargo: fundar o alicerce largo do que não foi nem sonhado, nomear o inominado, e sem pôr no céu embargo. A ema, despedida: Ahora conoces la senda y sigues sin mi señal: que yo corrí hasta el comienzo porque el fin no era el final; lo que llamaban orilla era puerta y era umbral. Selo: Ontem completamos um planeta; mañana pisaremos el cielo.